Cine

“13 horas, los soldados secretos de Bengasi”: Ánimo

 

13 HOURS: THE SECRET SOLDIERS OF BENGHAZI

Michael Bay juega de nuevo con un presupuesto ajustado para homenajear a los hombres anónimos que luchan y dan su vida por la bandera de las barras y las estrellas. El resultado no es demasiado atractivo, trágico o interesante, la verdad.

Jack Silva (John Krasinski), contratista con nuevo destino: una base secreta de la CIA en Benghasi, Libia. Es el año de Nuestro Señor 2012, y Alá también es grande. El odio se palpa… Lástima: parece que Michael Bay nos engañó con “Dolor y dinero”. Toda aquella sorna pútrida que destilaba su coqueteo con el cine de menores presupuestos parecía que iba a tener continuidad con “13 horas, los soldados secretos de Bengasi”; no en términos de comicidad burra, obvio, pero sí en cuestiones de discurso, contenido, o algo. Pero no, porque esta película es la típica propuesta made in Bay, tiene los lastres de siempre y se desparrama no ya en su soflama, sino en su propio desarrollo.

«Palmar matando, con dos cojones, siempre». El cimiento de todo -se verbaliza, incluso- es una suerte de Álamo donde la ira contenida -y progresivamente desatada- se masca en el ambiente. El equipo de Bay lo tiñe todo de colores tórridos, ralentiza el tempo narrativo tratando de anclar la estética ralentizada, quemada, hortera y épica habitual; lo dispone todo para el intenso drama humano, para el sacrificio por el Bien Común, en nombre del Mundo Libre… y se atasca. Narrativamente la propuesta es absurdamente confusa y atropellada, y aunque desde luego se sostiene visualmente -y tiene un par de secuencias notables en su disposición- el conjunto es aburrido, extensísimo y, desgraciadamente, ofensivo por inercia, intencionalidades aparte.

Bay no quiere molestar, por supuesto, quiere honrar honestamente a los bravos guerreros -subgénero propio de Hollywood- con un discurso pro y anti belicista al mismo tiempo, que defiende la lucha desde una convicción casi visceral pero que igualmente trata de coquetear sin éxito con el colegueo para con el exótico hombre arábigo, intentando discursar que no todo musulmán es un exaltado terrorista. Lo sabemos, Michael. El elenco resulta poco o nada carismático, una colección de armarios empotrados y barbudos con los que es verdaderamente complicado empatizar por la poca enjundia de sus personajes -culpa del director, flojo en ese sentido- y porque, qué caray, “13 horas” es tan sólo un trágico, impostado castillo de cartón. Contratistas a luchar, contratistas a morir.

Acerca de Dagnet Hernández Núñez

Agradece el trabajo del autor: COMENTA

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *